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Salir a la calle

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Hay momentos en las sociedades en donde llegan gobiernos que actúan en contra de la voluntad popular, pretenden imponer reformas que son contrarias al deseo e intereses de los ciudadanos, y de esta manera, vulneran y debilitan la democracia.

Infortunadamente ese momento ha llegado para Colombia; el gobierno del presidente Santos y sus mayorías en el Congreso, denominadas Unidad Nacional sumados a los partidos de izquierda, se empeñan en contradecir la voluntad ciudadana al otorgar excesivas ventajas y  cumplir todas las demandas de la guerrilla Farc, en medio de un proceso que ha sobrepasado límites legales, y que ha llegado a reformar la Constitución e incluso pretender que lo acordado entre gobierno y esta guerrilla sea inmodificable durante al menos 3 periodos presidenciales; una turbia movida que contradice el elemento fundamental de la democracia que indica que es la ciudadanía quien elige en las urnas que debe hacer o no el gobierno electo.

Mientras el Gobierno y sus mayorías parlamentarias, acompañadas del beneplácito de algunos jueces que se han removido la sagrada venda de la imparcialidad para servir a intereses políticos, pretenden imponer un cambio de fondo en el sistema judicial y político del país, el rechazo ciudadano aumenta en silencio como lo indican las encuestas de opinión, en donde el Gobierno cae a la mínima aprobación popular. En medio de la impotencia, más no la resignación, las calles del país se presentan como la alternativa para protestar pacífica y cívicamente ante los excesos del Gobierno y su Unidad Nacional.

La calle  es el escenario democrático por excelencia en donde la sociedad acude masivamente a las urnas durante las elecciones, o donde lo hacemos cuando hace falta manifestar el descontento con nuestros gobernantes. En la calle nace y se desarrolla la democracia; allí demostramos lo que pensamos y queremos cuando los gobiernos no escuchan o desconocen lo que se expresa en las urnas, la calle es siempre una alternativa para levantar la voz y exigir cambios cuando en los recintos del poder Ejecutivo y Legislativo se actúa en contravía de lo que la sociedad demanda.

La profunda desconexión del actual gobierno y sus aliados con el sentir de la sociedad, y por el contrario su sintonía y hasta beneplácito por satisfacer las demandas de un grupo de ilegales, merece que como sociedad, independientemente de preferencias políticas particulares, acudamos a la calle, de manera pacífica, haciendo uso del poder del civismo y de la idea que en la democracia las voces unidas de los ciudadanos deben prevalecer sobre las de quienes por razones ajenas al bien común, soslayan su deber de servir a quienes los eligen, para servirse entre ellos mismos.

Este 1 de abril, salgamos a la calle, manifestemos en público lo que tantas veces conversamos en privado y dejemos saber a quienes hoy ostentan el poder a nivel nacional y han incumplido, que la democracia no se agota el día de las urnas y que se debe esperar 4 años para que haya cambios. El cambio empieza ahora.

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