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Escapar de las viejas ideas

Reinventar, reimaginar, repensar, cambiar, adaptar, etc. ¿Cuántas veces ha escuchado alguno de estos verbos desde que inició la pandemia? La llegada del COVID-19 y las medidas de distanciamiento social que los gobiernos del mundo han ordenado, así como la afectación de los negocios, el aumento en el desempleo y el tiempo que hemos pasado solos en nuestros hogares, nos han permitido tener tiempo para pensar y evaluar lo sucedido.

Una de las conclusiones inevitables es que todos debemos cambiar y adaptarnos al mundo post COVID-19. Lo primero y más importante, cambiar como personas, posteriormente como familias, como sociedad, como empresas y gobiernos. Cambiar es inevitable. El cambio que llega y que llevábamos aplazando por años era urgente en diferentes frentes. El cambio en la manera como consumimos, como trabajamos, como estudiamos, como nos transportamos, como nos relacionamos entre nosotros y con la naturaleza, como nos divertimos, incluso la manera como se ha gobernado a la sociedad, ha cambiado y cambiará aún más. 

El cambio en los aspectos mencionados y muchos otros omitidos, son inevitables. Hayamos estado preparados o no para ellos. Lo importante ahora es que la reinvención, reimaginación, adaptación y en general, la implementación de la innovación en todos los aspectos de la vida social, es una conversación obligada que no puede escapar institución, organización o persona alguna. A continuación, algunas reflexiones que pueden fomentar esta discusión e implementación de ideas.

Un editorial del periódico económico Financial Times del 20 de marzo de 2020, declaró que las reformas e iniciativas sociales que hace algún tiempo parecían excéntricas, hoy ya no lo son y que su discusión y análisis se hace necesario en el actual momento. Asuntos como la implementación de un salario básico universal y una jornada laboral más corta, son aspectos de reforma que con la llegada del COVID-19 se convierten en políticas de necesaria evaluación. Pero no sólo esto, asuntos que lentamente adquirían importancia día a día como la masificación del teletrabajo, la educación digital y el fin del dinero en efectivo, se aceleraron de manera abrupta con el arribo del Coronavirus. Y esto es sólo el inicio. 

Enumerar los sectores y las reformas necesarias sería un ejercicio interminable y agotador, por lo tanto, quisiera proponer un cambio fundamental sin el cual todos los demás son inviables, y esto es el cambio en la mentalidad.

El libro Utopía para realistas (2017), del pensador holandés Rutger Bregman, tiene una cita de John Maynard Keynes que resume bien la idea del cambio mental que se requiere en este momento: “La dificultad no estriba en las ideas nuevas, sino en escapar de las viejas”. Esta frase contiene algo de razón si se revisa a la luz de algunas situaciones actuales. Las plataformas para realizar llamadas digitales existen desde hace más de una década, el acceso a clases y conferencias de los más prominentes académicos y líderes globales están a un click de distancia en Youtube, al igual que sus textos. De igual manera ocurre con los mecanismos para vender y comprar en línea, quienes han adquirido un alcance global inesperado en los últimos 5 años. El mundo en efecto se había aplanado como dijo Thomas Friedman (2005). Aunque esta frase se había vuelto de uso cotidiano, no habíamos dimensionado la magnitud del cambio y las herramientas que teníamos a la mano para transformarnos como sociedad. Ahora lo estamos comprendiendo de una mejor manera, por que estamos siendo forzados a vivir diferente. 

Para entender lo anterior, vale la pena preguntarse: ¿Qué sería de los países del mundo con los cierres establecidos por los gobiernos si no tuviéramos Internet? ¿Cómo sería pasar los días sin acceso a los cientos de miles de portales que ofrecen información en tiempo real de las medidas que van tomando los gobiernos? ¿Cómo sería el paso de las horas sin plataformas de música y video que las amenizaran? ¿Qué sería de la relación con nuestros seres queridos sin las aplicaciones de video llamadas? ¿Cómo hubiéramos hecho para llevar víveres a nuestras casas sin las robustas cadenas de superficies que a pesar de los retos han mantenido el abastecimiento de la mano de los campesinos y la agroindustria? ¿Cómo serían las filas para ingresar a tiendas y supermercados sin las aplicaciones digitales y servicios domiciliarios que han llevado toneladas de alimentos hasta las puertas de nuestras casas? 

Los ejemplos son múltiples, y todo esto sirve para valorar el momento de la historia y el mundo en el que recibimos esta disrupción global del COVID-19. Y si bien, no todas las personas tienen estos privilegios y el mismo acceso a Internet, la penetración de esta red en un país como Colombia es alta. De acuerdo a datos del MINTIC, Colombia tiene más de 30 millones de conexiones de banda ancha, y prácticamente todos los ciudadanos con acceso a Internet tienen una cuenta de Facebook. Dos indicadores que demuestran que aunque la brecha aún existe, el acceso a Internet y la digitalización de la vida no son fenómenos exclusivos de algunos sectores sociales.

Del neoliberalismo a la neo gobernanza sanitaria

¿Alguna vez los gobiernos de los diferentes países habían estado tan pendientes de lo que están haciendo sus pares? El interés por las decisiones, buenas y malas, que se están tomando en todo el mundo para enfrentar la pandemia hace parte del interés cotidiano de ciudadanos y gobiernos. 

El discurso del Primer Ministro de Singapur anunciando las primeras medidas de su gobierno, tuvo más de un millón de reproducciones en Youtube. La empatía con la que habló a sus ciudadanos y la claridad expuesta sobre el riesgo de la situación, marcaron un hito en las intervenciones de políticos durante esta pandemia. De manera semejante, la rueda de prensa diaria del Gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo es seguida masivamente, y su estilo de comunicación directo y sin ambigüedades, también impuso una pauta comunicativa en tiempos de crisis. Otro caso llamativo es de la Canciller alemana Angela Merkel, quien sorprendió con su explicación científica y minuciosa sobre la situación del COVID-19, lo que le valió  titulares en diferentes medios del mundo y redes sociales.  Por otro lado, la serenidad y cercanía del Primer Ministro de Canadá Justin Trudeau, dando mensajes breves, pero sumamente humanos también le dieron la vuelta al mundo. A nivel local, el programa de las 6 de la tarde del Presidente Duque junto a sus ministros, explicando las decisiones de gobierno y presentando datos actualizados sobre el impacto de la pandemia en Colombia, constituye un ejercicio de rendición de cuentas que será recordado. 

Los ejemplos anteriores sirven para ilustrar el ambiente de interés global por este tema. Los ciudadanos dejamos de escuchar exclusivamente a nuestros líderes nacionales para poner los ojos sobre lo que también dijeron otros mandatarios. La visión política de los ciudadanos del mundo se expandió más allá de sus fronteras nacionales.

El discurso y el interés por el comercio entre los países pasó a un lado para dar paso al mensaje sobre la necesidad de imitar medidas de gobiernos que estaban acertando. El análisis de cifras sobre las balanzas comerciales, pasó a otro plano, y en lugar se empezó a mirar el número de contagiados, pruebas realizadas, y unidades de cuidados intensivos instaladas para atender a las multitudes de contagiados.

En un artículo de la revista Foreign Policy, del 20 de marzo de 2020 titulado: Cómo el Coronavirus cambiará el mundo para siempre, 12 pensadores de diferentes nacionalidades opinaron al respecto para concluir que el mundo post COVID-19 será menos abierto, menos próspero y menos libre. Sin embargo, concluyeron varios de estos intelectuales, que la gobernanza de salud global será más fuerte y rigurosa. En otras palabras, el comercio entre los países se reducirá, las cadenas de abastecimiento serán más cortas y menos dependientes de naciones asiáticas (al menos para el mundo Occidental), y se instaurará un discurso de autoabastecimiento y comercio regional.

¿Sobrevivirá el sistema político liberal como lo conocemos una vez pase la pandemia y llegue una cura a los diferentes países? El discurso nacionalista y proteccionista ha tomado fuerza en diferentes lugares gobernados por líderes de estilos populistas que han planteado como soluciones al COVID-19 el desconocimiento de su gravedad o el cierre de fronteras y el establecimiento de sistemas de vigilancia estrictos que pueden quedar instaurados una vez pase esta situación, generando así una pérdida en la libertad de sus ciudadanos y un mayor control del Estado central sobre ellos. 

El historiador israelí, Yuval Noah Harari ha sido una de los autores que más ha insistido en los riesgos de la tecnología mal empleada para limitar las libertades ciudadanas y debilitar el modelo político liberal. Harari explica que si bien desde hace años los gigantes tecnológicos vienen capturando datos y haciendo seguimiento de las actividades de las personas en todo el mundo, el riesgo actual radica en que toda esta información sea empleada inicialmente para controlar focos de contagio en las ciudades y verificar el respeto de las personas por las cuarentenas impuestas pero que posteriormente gobiernos autoritarios decidan ampliar estas medidas de monitoreo argumentando controlar futuros rebrotes del virus, para en realidad ejercer mayor control social y garantizar su estancia en el poder. 

La tecnología ha sido fundamental en el alivio, en medio de las limitaciones de la pandemia, y al mismo tiempo está generando unos riesgos que puede ser muy difícil reparar en el futuro. Por un lado, la tecnología ha brindado la posibilidad de información, comunicación y bienestar, y a su vez está poniendo en riesgo el equilibrio democrático que tanto ha costado alcanzar en las naciones del mundo, al abrir el apetito de líderes y gobiernos por hacer uso de ésta para vigilar más de la cuenta e imponer medidas con la efectividad y precisión que la penetración digital permite.

En medio de las corrientes proteccionistas y autoritarias que han revivido durante los meses del COVID-19, y de las voces que promueven una reducción en el comercio internacional, la necesidad de detener la afectación de la pandemia sobre la economía global llevará a que los países aumenten su cooperación en medidas sanitarias y en el fortalecimiento de instituciones como la Organización Mundial de la Salud y otras de orden regional como la Organización Panamericana de la Salud.

¿Pasaremos de unos organismos multilaterales enfocados en el comercio y la cooperación económica internacional a unos donde el tema más importante de discusión y acción sea la salud? Como indica Harari en su texto El mundo después del Coronavirus, tanto la pandemia como los efectos económicos que han derivado de esta situación, son problemas globales y como tal, sólo pueden tener soluciones globales. En este sentido, la participación y cooperación de los países en ciertos organismos multilaterales adquirirá nueva importancia. En este mismo sentido, y teniendo en cuenta que la salud pasará a ser un tema del primer orden en la agenda política internacional, es probable que los nuevos representantes de los países dejen de ser los tradicionales diplomáticos políticos y de carrera que históricamente han representado a los países ante estas instancias, para dar paso a médicos y científicos, quienes podrán ser los nuevos actores de la discusión global, como es posible empezar a percibir en la actualidad, como hemos podido ver con el liderazgo del doctor Anthony Fauci al frente de la lucha contra la pandemia en Estados Unidos. La voz y figura de Fauci, supera en importancia y credibilidad a diferentes voces del establecimiento político norteamericano. ¿Una señal de lo que viene? 

Pero no sólo eso, además del nuevo protagonismo e importancia de los médicos y  científicos en el plano internacional, la magnitud del reto y de su alcance global, ha generado que las compañías privadas, organizaciones filantrópicas y un importante número de magnates globales -el célebre 1%- se involucren activamente en la situación, haciendo donaciones, trabajando conjuntamente con los gobiernos e incluso buscando curas para la pandemia. Más allá de la situación actual, este nivel de participación puede hacer parte de la nueva normalidad, en donde además de los representantes de los gobiernos, sea común ver actores del sector privado en la discusión global sobre el control y prevención de pandemias. A este nuevo modelo de colaboración público privada e importancia de la salud como asunto prioritario en el mundo, es lo que se denomina nueva gobernanza sanitaria. De ahí que es probable un tránsito de la discusión sobre el modelo económico liberal, a una sobre el trabajo conjunto en salud global. 

Respecto a lo anterior y recordando el  recorte en financiación de Estados Unidos hacia la OMS, es preciso anotar que en vista de dicha situación, países como Arabia Saudita y organizaciones filantrópicas como la Gates Foundation, aumentaron sus contribuciones y donaciones a esta entidad. La cooperación internacional y del sector privado han ido mucho más allá del fortalecimiento de la OMS, la respuesta global de presidentes de compañías y diferentes organizaciones privadas se ha hecho notar. Casos como el del fundador de Ali Baba, Jack Ma, quien donó 14,5 millones de dólares para el desarrollo de una vacuna contra el Coronavirus, o el caso de Jack Dorsey, CEO de Twitter, en la creación de un fondo para educar niñas y generar pilotos de Salario Básico Universal, son ejemplos de la respuesta global en medio de la pandemia y del inicio de una nueva gobernanza sanitaria global. 

Nuevas instituciones para la nueva normalidad

¿Los nuevos diplomáticos?. Foto tomada de RTE News

El cambio de prioridades, paradigmas y modelos establecidos ha sido tan profundo que vale la pena imaginar si muchas de las instituciones actuales aún cumplen las funciones y propósitos para las que fueron creadas de acuerdo a las nuevas necesidades de la sociedad global. Para iniciar esta reflexión, fijémonos en el papel de la OMS frente a la pandemia.

Algunas voces plantean que esta institución falló en medida grave debido a no haber previsto la magnitud y alcance del Coronavirus, o al menos que incurrió en un error grave al no haber alterado a los diferentes gobiernos del mundo una vez iniciaron los contagios en China. Otros, por el contrario han aplaudido y valorado el papel de la Organización en la comunicación de información actualizada y veraz, además de su rol en la unión de esfuerzos para encontrar una vacuna para el COVID-19. 

Sin embargo el asunto va mucho más allá de la OMS y de sus responsabilidades. Muchas, o la mayoría de organismos multilaterales han brillado por su ausencia en la discusión y generación de soluciones a la pandemia. Si bien el asunto fundamental es de salud, y por lo tanto deben ser los médicos y científicos quienes se ocupen de analizar y comunicar los avances en este sentido, los efectos del COVID-19 se han sentido en todos los sectores y aspectos de la vida social, y de esta manera, ha sido mucho lo que diferentes instituciones internacionales han debido decir al respecto. 

Lo anterior puede conducir a los países y estas mismas organizaciones a replantear su papel en el mundo y sus nuevas responsabilidades en el panorama post COVID. ¿Cambiará la destinación de recursos de los países hacia algunas entidades? ¿Tendrá sentido mantener el mismo formato, participantes y temas en la agenda de algunas entidades multilaterales cuya importancia se ha desvanecido en medio de la pandemia? ¿Transitaremos de los debates políticos a los debates científicos? Después de todo, el otro gran asunto de la humanidad, el cambio climático, aunque ha desparecido en titulares recientemente, sus riesgos se mantienen vigentes y una vez baje la marea del COVID-19, se develará con mayor claridad los retos y urgencia que esta otra materia supone para la humanidad. 

Pero no sólo sufrirán cambios las instituciones multilaterales, es posible que las grandes empresas busquen nuevos enfoques orientados hacia la salud. La llegada de la renombrada Cuarta Revolución Industrial nos condujo a pensar en un futuro sin límites. Veamos algunos ejemplos: Calico es la empresa de biotecnología del gigante tecnológico Google, su objetivo es combatir el envejecimiento, y lograr que las personas alcancen vidas más extensas y saludables sin sufrir los rigores físicos del paso de los años. Su misión podría simplificarse en la búsqueda de la inmortalidad.

Otra compañía futurista es Hyperloop-One, un proyecto que nació del emprendedor Elon Musk en asocio con el fondo global de inversiones Virgin y cuyo objetivo es crear un sistema de transporte ultra rápido entre ciudades a velocidades superiores a las 600 millas por hora, se especula que en la Expo de Dubai este año se presentaría un piloto de este sistema que comunicaría a Dubai con Abu Dhabi, reduciendo un viaje de 90 minutos en carro, a un trayecto de 12 minutos con la tecnología en mención.

Otra compañía, también del Grupo Virgin, es Virgin Galactic, la primera empresa del mundo cuya misión es abrir las fronteras espaciales para viajes comerciales, es decir, turismo galáctico.

Como éstas, existen cientos de empresas semejantes, cuyos objetivos ambiciosos y transformacionales, realmente estaban configurando el futuro de tecnología, abundancia y unión global, que habíamos conocido en las películas y en la literatura de ciencia ficción. La pregunta es si con el nuevo mundo post COVID, estas empresas mantendrán su vigencia e importancia, o si por el contrario, los capitales que han financiado estas iniciativas, se desviarán en otras iniciativas cuyos propósitos quizás sean menos espectaculares pero más útiles para la humanidad, como son los laboratorios que desarrollan vacunas y las organizaciones de salud que las distribuyen por todo el mundo. 

Ahora, no es que las misiones de las empresas futuristas y las de los laboratorios científicos sean contradictorias, al contrario pueden ser complementarias, la pregunta es si las grandes inversiones de capital se seguirán destinando en planes galácticos y que buscan la inmortalidad, en lugar del desarrollo y distribución de vacunas en el mundo. Es posible que la tecnología, el conocimiento y el talento de las personas que componen estas organizaciones, puedan ponerse al servicio de la humanidad entera y así, aplazar sus planes de grandeza temporalmente. 

Además de nuevas instituciones de gobierno y organizaciones multilaterales, podemos estar ante el inicio de nuevos emprendimientos científicos y médicos, de objetivos menos maximalistas, pero más efectivos para el momento actual de la humanidad. En el reciente apogeo de la Cuarta Revolución Industrial con todos sus avances transformacionales, intelectuales como Vivek Wadhwa y Alex Salkever sentenciaban, y con razón por la velocidad de los progresos del momento: “El futuro distante, ya no es distante”. Quizás, este futuro distante de carros autónomos y voladores, hiperconexión global y abundancia, aún siga distante, y el nuevo futuro al que nos estamos aproximando será más básico e inclusive podrá parecer un viaje al pasado.

El ritmo de este capítulo de la historia no lo marcó la tecnología como muchos pensaron, sino la aparición de un virus que hizo equivocar hasta el algoritmo más sofisticado. La historia de la humanidad es en definitiva impredecible.  

Adaptarnos al nuevo mundo

Así como nadie previó la llegada del Coronavirus e incluso se habla de que lo anterior supone la más grave falla de inteligencia en la historia, de igual manera es difícil predecir lo que vendrá una vez termine este episodio. Quizás la única certeza es que nada será igual al mundo en el que habitábamos hace apenas algunos meses. La desaceleración económica, cierre de empresas, pérdida de empleos, efectos psicológicos del encierro, etc., tendrán consecuencias inciertas en el futuro próximo. La primera adaptación al mundo post COVID será personal. 

Si la apertura mental al cambio era importante hace pocas semanas para entender y montarse sobre la ola de la tecnología y los cambios disruptivos que ésta venía generando, en la era post COVID-19 no habrá otra opción que derrumbar paradigmas previos y acoplarse a la realidad. Ya hemos hablado sobre el inevitable cambio en las formas de trabajo, al igual que en el relacionamiento social, incluso con nuestras familias y amigos. Lo anterior puede ser sólo el inicio de un cambio más integral y profundo que tocará todos los aspectos de nuestra vida y que apenas empezamos a dimensionar. 

¿Menos horas de trabajo, más tiempo para el ocio? ¿Menos consumo, mayor control estatal? ¿Menos laborales profesionales, más aburrimiento? ¿Menos viajes, mayor conocimiento del mundo? ¿Menos besos y abrazos, mayor salud? Estas y muchas otras son preguntas y aparentes contradicciones a las que nos podremos enfrentar en un mundo de nuevas posibilidades y limitaciones, en donde sólo el tiempo, nuestro esfuerzo e involucramiento en la construcción de una nueva sociedad, dirán si el mundo que edificamos después de esto será uno mejor u otro con nuevas dificultades y retos. Para hacerlo es inevitable abrir la mente a la nueva realidad y escapar de las viejas ideas que quizás no han permitido ver la posibilidad de una vida y mundo mejor que podemos estructurar. 

Una pregunta inevitable en medio de la discusión sobre los efectos del COVID-19 en el mundo y nuestras vidas, es: ¿qué pasará cuando termine esto? En una entrevista en a Antoine Gallimard, Director de la editorial francesa Gallimard, sobre el futuro de las librerías, en el periódico El País, le preguntaron si coincidía en que nada sería igual después del COVID, a lo que respondió, que después de la Segunda Guerra Mundial, hubo fiestas y ganas de consumir, pero no por ello el hombre se volvió bueno. Es decir, el Coronavirus no cambiará el mundo como algunos pronostican. Esta respuesta conduce a la reflexión sobre la diferencia entre un suceso como la Segunda Guerra Mundial o incluso el 11 de septiembre de 2001, en la historia de la humanidad. 

Los cambios que han derivado de estas ocasiones han sido parciales y no definitivos, en el sentido de haber mejorado al hombre y a la mujer o alterado para siempre la convivencia de las sociedades. Hubo cambios en algunos aspectos, en otros todo permaneció igual. Ahora, los dos hechos mencionados no tuvieron el alcance y magnitud global que está teniendo el Coronavirus. Esta última idea lleva a pensar que sin que haya un cambio radical y la historia del mundo se parta en dos, los efectos del COVID-19 en las personas y en las sociedades si pueden ser más profundos e integrales que incluso los ocurridos en la Segunda Guerra Mundial. Los países, habitantes y líderes ya saben que se debe evitar a toda costa otra pandemia como ésta, y que en lugar de destinar los recursos de las naciones en profundas y costosas carreras armamentísticas, quizás el dinero debe invertirse en ciencia, tecnología e innovación para conocer y controlar de mejor manera esos diminutos enemigos casi imperceptibles que han logrado detener el avance industrial y el impulso del crecimiento de la economía mundial. La lucha contra las futuras pandemias apenas comienza. 

En su libro The Second Mountain (2019), el autor norteamericano y columnista del New York Times, David Brooks, propone que para cambiar la cultura es necesario tener conversaciones que no se habían tenido antes, en especial, conversaciones sobre el futuro y los efectos a largo plazo. Para esto también se requiere un nuevo liderazgo con apertura mental suficiente para abandonar viejas ideas, adoptar nuevos conocimientos y  priorizar otros asuntos a los tradicionales. 

Otro texto que habla sobre el liderazgo requerido para momentos especiales es: La Cuarta Revolución Industrial (2016) del Presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schabb, quien dijo que los niveles de liderazgo en aquel momento –hace apenas 4 años- le parecían bajos para las exigencias sociales y del mercado, en donde se hacía necesario repensar el sistema económico, social y político para responder a las demandas de la Cuarta Revolución Industrial (4RI). Esta afirmación perdió vigencia. Es cierto que habrá que adaptar el modelo social, pero ya no para cumplir a las exigencias de la 4RI, sino a las del mundo trastocado por el COVID-19.

Quizás desde la Segunda Guerra Mundial, dejamos de pensar en el mundo que queríamos construir y nos limitamos a dejarnos arrastrar por la suave corriente de la historia. Quizás ha llegado el momento en donde las circunstancias nos han llevado a hablar de un cambio de mentalidad, de cultura y del mundo que debemos construir y del cual no hemos hablado por décadas. Para hacerlo se requiere humildad, audacia y un profundo sentido de colaboración global, intersectorial y humanista.  Empecemos ya. 

Referencias

Allen, John. Burns, Nicholas. Et al. Foreging Policy (2020). How the world will look after the Coronavirus epidemic. https://foreignpolicy.com/2020/03/20/world-order-after-coroanvirus-pandemic/

Bassets, Marc. Entrevista a Antoine Gallimard, Periódico El País (2020). https://elpais.com/cultura/2020-04-27/antoine-gallimard-no-creo-que-el-mundo-vaya-a-cambiar-seria-demasiado-bello.html

Bregman Rutger (2015). Utopía para realistas. 

Brooks, David (2019). The Second Mountain.

Harari, Yuval (2020). The world after the Coronavirus. https://www.ft.com/content/19d90308-6858-11ea-a3c9-1fe6fedcca75

Kissinger, Henry (2020). The Coronavirus Pandemic will forever alter the world order. 

https://www.wsj.com/articles/the-coronavirus-pandemic-will-forever-alter-the-world-order-11585953005

Schwabb, Klaus (2016). The Fourth Industrial Revolution. 

Wadhwa, Vivek. Salkever, Alex (2017). The driver in the driverless car. 

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